Topofilia (15)
febrero 11, 2012
Parque de Vistalegre (Santiago de Compostela)
TARTU
Nas ribas do lago
que non hai entre Santiago e Lugo
atopei Tartu.
Iuri Lotman o blau
co seu cabalo báltico
sinalou no horizonte
viaxe aos lagos.
Ela levara amiga
como un signo na grupa
na hora da aventura.
Entón eu quixen ser
o xograr Esqyo do lago
para cantar Tartu.
(Claudio Rodríguez Fer)
Vive e víveme
septiembre 14, 2011
Vive e víveme pois estás sobre a terra.
Claudio Rodríguez Fer
Los sueños (Akira Kurosawa, 1990)
El horizonte enamorado
julio 8, 2011
El enamorado (Dubrovnik, agosto 2009)
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El horizonte es algo ideal aún en la visión física. El animal no debe de tenerlo y la planta no lo necesita. Si el hombre lo perdiera, perdería su humanidad. La conciencia lo revela, y entonces se comienza a pensar, cuando al que así ocurre comienza a ser dueño de su camino, a trazarlo. Pero el que nace enamorado es como si no tuviese horizonte imantado por un invisible horizonte [...]. El corazón de estos enamorados desborda, envuelve, acoge, como si él mismo fuese un horizonte.
España, sueño y verdad, María Zambrano
TREN
O importante é irmos
e non cara onde imos.
E nunca chegar máis lonxe
que antes de partir.
Viaxes a ti, Claudio Rodríguez Fer
Vamos a vivir mil años
agosto 21, 2010
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VAMOS A VIVIR MIL AÑOS
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Vamos a vivir mil años
Alexis Zorba (Kazantzakis)
Ubres sobre mi tumba
Bilitis (Pierre Louÿs)
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Mil años luz viajaré en tromba.
El calor de la lluvia es la vida en las piedras
y pasión por la hembra un delirio de música.
Yo troqué la danza de la muerte por la danza de Zorba.
La grupa convulsa es una corza dormida
entre manzanas rojas
y tus senos son rosas volcadas al pecho.
En la absoluta catástrofe soy de la estirpe de Zorba.
En la hora del más esplendoroso desastre
escupiré mi sirtaki contra toda angustia.
Todo va bien. Vamos a vivir mil años sin vuelta
y ordeñarás tus ubres sobre mi tumba.
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(Claudio Rodríguez Fer)
My summer of love
julio 22, 2010
La isla y el signo de fuego
marzo 25, 2010
Jonas (Molten), Ryan McGinley, 2009
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Seredes quen seredes.
Claudio Rodríguez Fer
“Hablando de su niñez, María [Zambrano] puso ante nuestros ojos la plástica y expresiva imagen de sus deseos. Escribió en su texto A modo de autobiografía nada menos que esto: “Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con sólo levantar la tapa se oyese la música; pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta de que yo no podía ser una caja de música”. Unas líneas más adelante añade: “Después supe de unos caballeros templarios, porque en Segovia, donde yo cumplí los seis años [...] estaban, como monumento nacional, los templarios. Estaban cerrados, deshabitados. Yo le pregunté a mi padre quiénes eran [...]; recuerdo que me dijo que eran unos caballeros, y yo era una mujer, y entonces pregunté, no sé si a mi padre o a mi madre, si había que ser siempre lo que ya se era, si siendo niña no podría ser nunca un caballero, por ser mujer. Y esto me quedó en el alma, flotando, porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer”.
Todavía en el mismo párrafo María se pregunta: “¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser un centinela, porque cerca de mi casa, en Madrid, se oía llamarse y responder a los centinelas: “Centinela alerta”, “Alerta está”. Y así yo no quería dormir porque quería ser un centinela de la noche, y creo sea el origen de mi insomnio perpetuo ser centinela. Pero claro está que de hecho no lo podía ser”. La conclusión a la que llegó, ya por entonces, fue la siguiente: “Y así, cuando me di cuenta de que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo que sigo llamando, “la filosofía”. Y añade: “Pero tampoco esto yo podía. Mi padre me habló de la academia Platónica donde está inscrito: “Nadie entre aquí sin saber geometría”. Y yo [...] le preguntaba a mi padre: “¿Pero cuándo me vas a enseñar geometría?” “¿Y para qué?” “Porque yo tengo que pensar”.
Pero no todo el pensamiento requiere rigurosamente de la geometría, sino que es abierto, de modo que contra lo que entonces imaginaba, María Zambrano pudo dedicarse a él, y no sólo a él. Veremos que, a su modo, cumplió los otros tres deseos y que estos deseos nos sirven para explicar su actitud vital y su pensamiento: fue centinela pues cruzó las noches al acecho del conocimiento del alba, el cual, como he dicho, concretó en uno de sus últimos libros, De la Aurora; fue caballero en su postura y actuación política, y fue música en textos especiales, como Claros del bosque, y también en el hablar.”
María Zambrano. Desde la sombra llameante, Clara Janés





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