Niña, ¿qué debería saber que no sé para salvarte…?

Siedem kobiet w róznym wieku, Krzysztof Kieślowski (1978)

Título de la entrada: últimos versos del quinto poema de “El sueño del campo unificado” de Jorie Graham.

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Su inmenso y lento camino

Fotograma: Andrei Rublev, de Andrei Tarkovski (1966)

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En todo despertar se anhela ver, y hacia el ver va el que despierta aunque no sea por la luz.

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Inocencia y pureza son consideradas como “etapas” y no como centro; el centro que nunca puede ser negado sin traer el anonadamiento en el mejor de los casos, la destrucción a la desesperada y aun la desesperación sin salida a menudo. Suicidio del ser que a veces se consuma sin acabar con la vida. O la rebelión de la vida contra el ser, que inevitablemente se hace apócrifa, la vida de un otro.

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Extraer de la realidad relativa la verdad subsistente – de la mezclada sustancia, la esencia indeleble es la tarea de la experiencia.

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Experiencia es revelación y es historia. La historia verdadera, que prosigue bajo la apócrifa. El hombre necesita darse a ver y verse él mismo, en su rostro verdadero. Y ello no puede lograrlo por la sola acción; ni siquiera la sangre sola podría. La revelación entre todas se da en la palabra y por ella.

Los intelectuales en el drama de España, María Zambrano
(título y citas)

Aquél a quien todo le toca

(…)

Libre está de sufrimiento
aquél a quien todo le toca. Y no le falta de nada.

Y no le falta de nada, solo un poco
para descansar o mantenerse erguido.
Las cavernas lo inclinaban profundamente y las sombras,
pues no había país que lo acogiera.
Incluso en los montes no estaba seguro
– un guerrillero que el mundo entregaba
a su satélite muerto, la luna.

Libre está de sufrimiento aquél a quien todo le toca,
¿y qué no le tocaba? La cohorte
de escarabajos luchaba en sus manos, incendios
le cruzaban de cicatrices la cara, y la fuente
aparecía como una quimera ante sus ojos
allí donde no estaba.

(…)

Ingeborg Bachmann

(tr. Arturo Parada)

La vida que hay debajo

Cuando pienso en Londres, pienso siempre en la escaleras de Trafalgar Square. Me he sentado en esas escaleras muchas veces.

Detrás está la National Gallery. Ningún otro museo de los que conozco me gusta tanto. La primera vez que fui hace cinco años lo que más me conmovió fue la pintura de Paolo Ucello, creo que porque en aquel momento “San Jorge matando al dragón” era como mi vida. Esta vez mis dos pinturas preferidas han sido los “Bañistas en Asnières” de Seurat, sobre todo, por su tamaño, su luz y la vida que hay debajo, y “Sansón y Dalila” de Rubens: el cuerpo dormido del amor y la derrota.

Bañistas en Asnières, George Seurat (1884)

Sansón y Dalila, Peter Paul Rubens (1629-1630)

La preparación de Andrei

“Resultará fácil imaginarse qué poco preparado estaba Andrei [Rublev] para esa confrontación con la vida real, de la que hasta entonces le habían separado los muros del convento, que desfiguraban la perspectiva de aquella realidad que quedaba tan lejos… Así tuvo que pasar por los círculos infernales del sufrimiento para poder unirse al destino de su pueblo. Y en ello, Andrei perdió primero la fe en que la idea de bondad y la realidad concreta fueran compatibles. Pero al final retornó… a sus comienzos, a la idea de caridad, de bondad, de fraternidad. Pero entre tanto había experimentado en propia carne su verdad más alta, a la que se dirigía la esperanza ansiosa de un pueblo castigado”.

Esculpir en el tiempo
, Andrei Tarkovski

(tr. Enrique Banús Irusta)

La espera (Sarajevo, julio 2009)

Sin título (Sarajevo, julio 2009)

Sin título (Sarajevo, julio 2009)

La preparación (Sarajevo, julio 2009)

De Sarajevo al mar (Bosnia, julio 2009)