La isla y el signo de fuego

Jonas (Molten), Ryan McGinley, 2009

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Seredes quen seredes.

Claudio Rodríguez Fer

“Hablando de su niñez, María [Zambrano] puso ante nuestros ojos la plástica y expresiva imagen de sus deseos. Escribió en su texto A modo de autobiografía nada menos que esto: “Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con sólo levantar la tapa se oyese la música; pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta de que yo no podía ser una caja de música”. Unas líneas más adelante añade: “Después supe de unos caballeros templarios, porque en Segovia, donde yo cumplí los seis años […] estaban, como monumento nacional, los templarios. Estaban cerrados, deshabitados. Yo le pregunté a mi padre quiénes eran […]; recuerdo que me dijo que eran unos caballeros, y yo era una mujer, y entonces pregunté, no sé si a mi padre o a mi madre, si había que ser siempre lo que ya se era, si siendo niña no podría ser nunca un caballero, por ser mujer. Y esto me quedó en el alma, flotando, porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer”.

Todavía en el mismo párrafo María se pregunta: “¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser un centinela, porque cerca de mi casa, en Madrid, se oía llamarse y responder a los centinelas: “Centinela alerta”, “Alerta está”. Y así yo no quería dormir porque quería ser un centinela de la noche, y creo sea el origen de mi insomnio perpetuo ser centinela. Pero claro está que de hecho no lo podía ser”. La conclusión a la que llegó, ya por entonces, fue la siguiente: “Y así, cuando me di cuenta de que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo que sigo llamando, “la filosofía”. Y añade: “Pero tampoco esto yo podía. Mi padre me habló de la academia Platónica donde está inscrito: “Nadie entre aquí sin saber geometría”. Y yo […] le preguntaba a mi padre: “¿Pero cuándo me vas a enseñar geometría?” “¿Y para qué?” “Porque yo tengo que pensar”.

Pero no todo el pensamiento requiere rigurosamente de la geometría, sino que es abierto, de modo que contra lo que entonces imaginaba, María Zambrano pudo dedicarse a él, y no sólo a él. Veremos que, a su modo, cumplió los otros tres deseos y que estos deseos nos sirven para explicar su actitud vital y su pensamiento: fue centinela pues cruzó las noches al acecho del conocimiento del alba, el cual, como he dicho, concretó en uno de sus últimos libros, De la Aurora; fue caballero en su postura y actuación política, y fue música en textos especiales, como Claros del bosque, y también en el hablar.”

María Zambrano. Desde la sombra llameante, Clara Janés

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9 comentarios en “La isla y el signo de fuego”

  1. “Hay que preferir lo imposible que es verosímil. Pues es verosímil que las cosas ocurran contrariamente a la verosimilitud”.

    Aristóteles, *Poética*.

      1. La luna tiene un sueño de grandes abanicos
        y el toro sueña un toro de agujeros y de agua.

        Federico García Lorca, *Poeta en Nueva York*

        E salirá a lúa
        como unha raxa de melón
        fría e dulce.

        Luís Pimentel, *Sombra do aire na herba*

  2. Ser un caballero sin dejar de ser mujer…

    Recuerdo cómo Jacques Brel definió a Barbara: “Un caballero andante, si declináramos en esa palabra en femenino…”

    Estás leyendo el libro de Clara Janés sobre Zambrano. Me llama mucho la atención cómo tantos y tan buenos poetas (y tan diversos entre sí) han escrito sobre esta filósofa: Valente, Clara Janés, Ullán, Chantal Maillard (esta última le dedicó nada menos que dos libros y “medio” y un sinfín de artículos y conferencias).

    Abrazos

    1. ¡Stalker! quiero escribirte y decirte muchas cosas de nuestro sobre verde, ayer leí “Matar a Platón”:

      “¿Y la mujer?, pregunté. ¿Por qué una mujer?”

      Ahora estoy viendo “El cielo gira”, ha pasado el otoño, estoy viendo el invierno, es una maravilla…

  3. La isla de la imagen parece un animalito enroscado, durmiendo, o un abrazo. También un híbrido: abrazo-animalito que gravita en torno a un centro sumergido, que brota, clama, estremece…

  4. Ah, Tera, es que “El cielo gira” es una delicia, qué gran película documental, de lo mejor que ha hecho en este país en los últimos veinte años.

    “Matar a Platón” es tan revolucionario que sus efectos siguen devastándome años después de su lectura. Mejor dicho: nunca se acaba de leer un libro que te interpela y te sacude así…

    Me hace feliz que te hayas zambullido en el sobre verde, ¿qué intensa delicadeza en esas voces e imágenes, verdad?

    Cuéntame lo que quieras, la pequeña playa de signos del mail está desierta y acogerá tus barquitos de palabras.

    La historia de la isla la conozco, de algún modo, aun sin conocerla…

    abrazos

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