Ante la vida

Ante la totalidad de los momentos, ante la totalidad de las circunstancias, ante la vida íntegra…

(María Zambrano)

… la alianza de una forma, de una materia, de un pensamiento, de una acción y de una pasión.

(Paul Valéry)

He preferido contemplar el átomo.

(Emily Dickinson)

I had a terror since September, I could tell to none; and so I sing, as the boy does by the burying ground, because I am afraid.

(Carta a Mr. Higginson, 1862, Emily Dickinson)

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16 comentarios en “Ante la vida”

    1. es bonito entenderlo así, ani

      ich vermisse dich sehr viel auch!

      (ya verás cómo te ríes cuando escuches mi alemán en vivo y en directo ;))

  1. Tera, ¿podrías transcribir la referencia de los libros de los que has extraído las citas de Zambrano y Valéry? Gracias… Creo que me ponen sobre la pista de algo importante que me será muy útil para escribir la introducción a un pequeño proyecto de traducción de poesía que tengo entre manos (si los hados y ciertas conjunciones editoriales son propicias…)

    Ahora mismo, la intersección de estos tres autores me pide silencio y recogimiento. Algo así como lo que dicen estos versos de Tao Yuanming:

    “Todo esto tiene un sentido profundo.
    Iba a explicártelo pero olvidé las palabras.”

    (tr. Guillermo Dañino)

    Aun así, arriesgo unas líneas en la arena:

    Tres autores, tres puntas de iceberg (Zambrano, vegetal; Valéry, mineral; Dickinson, animal).

    Bajo la trama visible, fluye la no tejida urdimbre.

    La conciencia analógica no traza sus puentes -nódulos de sentido-, quizá porque en este caso es necesaria la inmersión: merecer el mal de las profundidades.

    No hay atajos previstos, porque la visión requiere asumir el vértigo no cartografiado. Quizá sea cierto que no es posible pensar cor-recta-mente: con la mente y el corazón en línea recta.

    Por eso la visión, la inmersión: ese desvío.

    De-morar ahí.

    “Arriba, tras la frente, ahí donde la mente engarza pensamientos, ahí donde tan a menudo construimos nuestra casa, arriba las ideas brotan, incesantes.
    Más abajo, en los poros, el mundo. El canto de un pájaro, el silencio cuyo cuerpo es un rayo de sol. Allí, bajo el flujo de los pensamientos, la vida.
    Bajo el proceso, lo simultáneo; bajo la línea, la materia; bajo el texto, la totalidad de lo sólido.
    Más abajo, el fuego. Del fuego ahora no hablaré, pues está bien que esté contenido, sin dolor, adormecido por un tiempo con fines terapéuticos.
    Más abajo aún, el vacío.
    El observador se sitúa en el límite, en el espacio intermedio entre el vacío y la existencia. En la superficie, el texto, el mundo y el fuego […]”

    Chantal Maillard, “Filosofía en los días críticos”

    1. La cita de Zambrano es del ensayo “Por qué se escribe”, contenido en “Hacia un saber sobre el alma”. Yo lo saqué de la antología de José-Miguel Ullán “Esencia y hermosura”, de Galaxia Gutenberg”

      La de Valéry es de su libro “Teoría poética y estética”, publicado por Visor, se encuentra en el tercer capítulo, titulado “Discurso sobre la estética”.

      Pero advierto que en mi mente he desviado el sentido que tenían las dos citas en sus respectivos textos. Cualquiera que sea el nuevo sentido, es el sentido del animal.

      Que los hados y las conjunciones sean propicios.

  2. Gracias, Tera

    Contaba con el desvío que has trazado respecto a los textos primeros, pero quería conocer el sabor de las aguas del origen.

    El sentido nuevo, el del animal, me procura calma y sosiego. Se niega a toda hermeneusis. Es uno y sólido en el ahora. Se expande en círculos concéntricos, pero hacia la sensibilidad, lo callado, ese abajo que es una forma del dentro

    Los hados… Se trata de una antología de Danièle Collobert, algo difícil de publicar en el estado actual de las editoriales de poesía, propicias a la traducción de poesía anglonorteamericana pero menos receptivas a otras propuestas (tuvo que llegar el 2009 para ver la edición de un libro de una poeta tan extraordinaria como Martine Broda, y el grueso de la obra de Bernard Noël, entre otros muchos, sigue siendo tierra incógnita…).

    Pero esta vez mi convicción es firme, sé que lograré publicar esto.

    Esa convicción se hizo inquebrantable ante textos tan asombrosos como éste:

    je temps de quoi
    l’étalement
    vague roulée à regard
    inlassablement du je liquide repéré rouge
    fragments imperceptibles à petit œil du temps vision nulle
    sur l’espace jamais plus d’un grand champ
    le reste ouvert au vogueur les visions célestes
    sucer des phrases nourriture sans dents
    je broyeur sons syllabes magma secousses telluriques
    ou gagné par le raz de marée perdu pied dans sub-sol syntaxe
    jours de passion
    lumière des veines qui vient
    en surface l’articulation
    je dit ardent énergie le cri ou comme brûle jamais dit

    yo tiempo de qué
    la extensión
    ola enroscada ante la mirada
    incansablemente del yo líquido hallado rojo
    fragmentos imperceptibles al ojo pequeño del tiempo visión nula
    sobre el espacio nunca más que un gran campo
    el resto abierto al que boga las visiones celestes
    lamer frases alimento sin dientes
    yo triturador sonidos sílabas magma sacudidas telúricas
    o alcanzado por el maremoto caído en subsuelo sintaxis
    días de pasión
    luz de venas que adviene
    en superficie la articulación
    yo digo ardiente energía el grito o cómo arde nunca dicho

    (la traducción es provisional…)

    1. no había leído nada de ella. ahora un poco más, aquí y en tu blog. parece como si su mente estuviese de verdad ardiendo.

      “más abajo, el fuego”…

  3. Imagino que soy Mr. Higginson, por un instante, y le respondo a Dickinson:

    May the wind be on your back,
    May the ashes be under your feet,
    May the peace live in your hollow…
    Sing, ‘til the dawn comes
    ‘til the fear collapse
    Sing, you little diamond…

    Entre Collobert y Maillard hay varias cosas en común. También grandes diferencias. Tú misma has señalado la clave:

    “Más abajo, el fuego. Del fuego ahora no hablaré, pues está bien que esté contenido, sin dolor, adormecido por un tiempo con fines terapéuticos.”

    Collobert fue consumida en su propio fuego, pero ella, como Maillard (y como antes Beckett), intentó salvarse en los adverbios,*** en la contra-dicción de las estructuras de sentido, en el lento empeño de la polilla que mina nuestro lenguaje consensuado y pretende deshacer sus trampas. Beckett encontró refugio en el silencio, en lo petrificado. Maillard en la compasión y en la contención del fuego. Collobert no halló vasija interior en la que contenerse: era un puro desbordarse, un estallido, un vuelco infinito que al final desactivó todas las estrategias de superviviencia (su último poemario se titula, significamente, dolorosamente: “Survie”).

    Dickinson también ardía lentamente. Y conmueven, conmueven tanto sus palabras…

    *** La expresión es de mi amiga Ana Hidalgo

    1. Creo en la desaparición de todos los refugios.

      Creo en la desaparición del miedo en la vida.

      ‘til the fear collapse.

      Realidad > Poesía > Utopía > Poesía > Realidad.

      Creo en las canciones.

    1. Tera:

      la película de Jia Zhang-ke es “Sanxia haoren” (2006). Aquí se tradujo como “Naturaleza muerta”, siguiendo la traducción inglesa (“Still Life”).

      Lo singular es que el niño de la película no vuelve a aparecer. Su presencia es una composición de un solo instrumento que sostiene la intemperie “sinfónica”, la polifonía de voces desamparadas que buscan y se buscan entre las ruinas (el trasfondo es
      la construcción de la presa de las Tres Gargantas, con ciudades enteras que quedan bajo las aguas y más de dos millones de desplazados). El canto de un niño es la argamasa, el contrafuerte, el pilar maestro que de algún modo repara la común orfandad y atiende a ese desarraigo, para cuidar, para atemperar y que el dolor, si es posible, invierta su dirección y sus efectos. Algo así como algunas maravillosas brevedades de Anton Webern.

      Yo creo que lo que ama el niño es el cuidado, la preservación del espacio compartido. Esa resonacia común, esa atención al otro. Claro que ésta es una lectura personal…

      En todas las películas de Zhang-ke, siempre canta alguien, normalmente un niño o adolescente. Su canto: oásis, regazo, punto de fuga, pequeña iluminación. Zhang-ke describe una tierra abierta y poblada de espectros, tiempos muertos, espacios de transición. Esa metamorfosis permanente queda en entredicho por la breve fulguración del canto: que es también una pregunta y una posibilidad para el arraigo. Por eso este cineasta no se queda en el diagnóstico de los males contemporáneos, sino que propone una solución, como también hace Tsai Ming-liang desde otras coordenadas.

      Zhang-ke: curar con la voz y con la escucha.

      Ming-liang: curar con el tacto, con el con-tacto que es, también, una forma de mirar y adentrarse.

      Luego está la clara influencia de la pintura y el sistema de escritura chino en la forma de articular la narración cinematográfica, pero esto nos llevaría muy lejos en un vasto tejido de asociaciones progresivamente más arbitrarias y delirantes 😉

      El conjuro a partir de “Svyato” es delicioso. Conocía esa obra, que es ya un pequeño clásico.

      En algún momento del verano ensayaré un conjuro para entrar al agua (y navegar en todas las corrientes) de la mano de una inolvidable Mouchette oriental.

      Todos deberíamos escribir nuestros conjuros, alguna vez

      “Más abajo, el fuego…”

      “Escribir es conjurar el fuego.”

      Vuelvo a comprobar que la concisión no es mi fuerte 🙂

      un abrazo

  4. Aquí un breve fragmento de “Svyato”, de Kossakovsky (el original es un mediometraje sonoro de unos 45 minutos):

    En la infancia de Michael Jackson también hubo miedo y canciones, y sin duda las segundas le ayudaron a superar el primero. Hoy encontré este vídeo y me ha sorprendido cómo canta: alcanza notas altísimas con absoluta naturalidad y un dominio absoluto. Su forma de cantar es perfecta, conmovedora. Primero con unos diez años, a capella, luego con trece o catorce. Intensidad, sencillez, calor. He pensado que el icono posterior ha oscurecido esta infancia, esta ternura. Ha sido hermoso, e inesperado, ver esto.

    1. Stalker, cuántas cosas… el niño que no vuelve a aparecer y cuida del espacio… Mouchette, Mouchette, Mouchette… los espejos… las notas altísimas… lo hermoso e inesperado… los conjuros, las hogueras, el verano…

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