El reino silencioso

Aprovecho que estoy enferma de nada grave pero con tiempo en abundancia para empezar un nuevo apartado en este blog que reúna dos de mis variados interes diletantes: las plantas y la literatura.

La idea me vino por imitación y devoción: algunos de mis escritores favoritos hicieron herbarios en algún momento de su vida y, al parecer, hay pasajes memorables en la literatura en los que las plantas tienen un protagonismo particular. En cualquier caso, más allá de la literatura, el reino silencioso de las plantas es bello, curioso y fascinante…

Herbario de Emily Dickinson

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5 comentarios sobre “El reino silencioso”

  1. las plantas y la literatura… pienso en algunas literaturas que son vegetales, que avanzan por el silencio de nervaduras, buscando la intimidad de la sombra, el humus, las raíces de lo vivo. La poesía de Olvido García Valdés siempre me pareció profundamente vegetal, por su lentitud, por su forma de segregarse: una escritura que crece como un líquen:

    “Escribir el miedo es escribir
    despacio, con letra
    pequeña y líneas separadas,
    describir lo próximo, los humores,
    la próxima inocencia
    de lo vivo, las familiares
    dependencias carnosas, la piel
    sonrosada, sanguínea, las venas,
    venillas, capilares”.

    Hay escrituras que son animales, como la de Chantal Maillard, y que sin embargo a veces se conceden la lentitud, el devenir vegetal como espacio para el sosiego y la contemplación:

    “El muérdago se enreda en mis tobillos,
    helechos y agavanzas me ciñen las caderas
    y un nenúfar
    se deshoja en el valle dócil
    de mis nalgas.
    Sobre la tierra húmeda me acuesto como un ojo que se cierra
    (tienen mis muslos el sabor del humus en otoño)
    y me hago raíz,
    vegetal crisálida
    aguardando la aurora.
    Sobre mis labios quietos
    lentamente
    desova una culebra”.

    En el monasterio de Roncesvalles hay unos herbolarios antiguos y maravillosos, recopilados por monjes durante toda una vida. Conseguí que uno de ellos, un hombre de una edad avanzada, me enseñara esos tesoros, guardados con llave. Al verlos te das cuenta de que hubo un tiempo en el que el mundo se hacía con el tacto: esos libros son puro tacto, están hechos con manos que indagaron el frío y las montañas para recoger esas hierbas preciosas. Hoy el sentido dominante de nuestra topología mental es la visión, parece que hemos olvidado esas formas antiguas de tacto, de con-tacto e intimidad con el mundo de las plantas y los árboles,

    seguro que en esos herbolarios de Roncesvalles habría un remedio eficaz para tu indisposición…

    recupérate pronto,

    un abrazo

    1. Tienes toda la razón: lo más bonito de los herbarios es la relación directa con las plantas. Sin embargo, este herbario virtual, aunque le falte tacto, puede ser una preparación documental para el futuro contacto… Gracias por los poemas y los tesoros de Roncesvalles.

      (Yo también dudé con la palabra :))

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