Insofocable el son

Jonas Mekas

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En la calle de las tiendas vi tocar a un grupo de músicos callejeros una música de belleza y alegría contagiosas: dos guitarras, un saxofón, una flauta travesera y dos cubos de pintura dados la vuelta por toda percusión…

Conviene percutir.

Conviene que el tambor nos posea.

Porque en el tambor está, nos dijeron,
el ruido sin fin del fundamento.

Con la piel del pez hicieron un tambor, pero el pez era un dios.

En el cántaro de la virgen entró un pez,
pero el pez era un dios.

El cántaro era el vientre
de la hija de un rey.

El rey sacrificó al pez
(pero el pez era un dios)
y oyeron en su piel
y en la piel del tambor
el son.

La virgen bajó al borde de las aguas
y entró en su entraña el pez.

Desde el tambor oscuro se levantan
el dios, el pez,
el ritmo, el son,
insofocable el son del fundamento.

José Ángel Valente

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