El sueño infinito del caminante

To take away our
Sue leaves but a
lower World , her
firmamental quality
our more familiar
Sky.

*

Al quedarnos sin nuestra
Sue el Mundo
pierde altura, su
cualidad celeste
nuestro Cielo más
familiar.

Carta 144 de Emily Dickinson a Susan Huntington

(tr. tera)

Vigo, marzo 2012

(Composición: serie de fotografías tomadas sobre la progresión de una nube que se escondía detrás del tejado del patio de luces de mi casa antes de ayer. Distribuidas geométricamente según el dictado de las cenefas.)

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9 comentarios sobre “El sueño infinito del caminante”

  1. Desgarrada la nube; el arco iris
    brillando ya en el cielo,
    y en un fanal de lluvia
    y sol el campo envuelto.

    Desperté. ¿Quién enturbia
    los mágicos cristales de mi sueño?
    Mi corazón latía
    atónito y disperso.
    …¡El limonar florido,
    el cipresal del huerto,
    el prado verde, el sol, el agua, el iris…!,
    ¡el agua en tus cabellos!…

    Y todo en la memoria se perdía
    como una pompa de jabón al viento.

    Antonio Machado, “Galerías”

    1. Gracias, Alguien! Qué hermoso un fanal de lluvia y sol! Y el iris!
      Yo estaba pensando, mientras unía los cielitos, que cuando el amor empieza ya no se puede parar… Y que de él siempre sale un camino infinito.

      1. Ay! Ay! Es bonita!

        El otro día me pasó que leímos en clase “Otro viaje” de Machado y me salió del alma decir que aquel poema me daba unas ganas tremendas de abrazar al poeta. Los alumnos, claro, se sonrieron, pero creo que comprendieron.

        Y ahora con este poema me pasa lo mismo…
        ¿Seré yo o será el poeta?
        ¿Seremos los dos?
        ¿O seremos todos?

        OTRO VIAJE

        Ya en los campos de Jaén,
        amanece. Corre el tren
        por sus brillantes rieles,
        devorando matorrales,
        alcaceles,
        terraplenes, pedregales,
        olivares, caseríos,
        praderas y cardizales,
        montes y valles sombríos.
        Tras la turbia ventanilla,
        pasa la devanadera
        del campo de primavera.
        La luz en el techo brilla
        de mi vagón de tercera.
        Entre nubarrones blancos,
        oro y grana;
        la niebla de la mañana
        huyendo por los barrancos.
        ¡Este insomne sueño mío!
        ¡Este frío
        de un amanecer en vela!…
        Resonante,
        jadeante,
        marcha el tren. El campo vuela.
        Enfrente de mí, un señor
        sobre su manta dormido;
        un fraile y un cazador
        —el perro a sus pies tendido—.
        Yo contemplo mi equipaje,
        mi viejo saco de cuero;
        y recuerdo otro viaje
        hacia las tierras del Duero.
        Otro viaje de ayer
        por la tierra castellana,
        —¡pinos del amanecer
        entre Almazán y Quintana!—
        ¡Y alegría
        de un viajar en compañía!
        ¡Y la unión
        que ha roto la muerte un día!
        ¡Mano fría
        que aprietas mi corazón!
        Tren camina, silba, humea,
        acarrea
        tu ejército de vagones,
        ajetrea
        maletas y corazones.
        Soledad,
        sequedad.
        Tan pobre me estoy quedando,
        que ya ni siquiera estoy
        conmigo, ni sé si voy
        conmigo a solas viajando.

  2. OJOS

    ¡Ah! como pájaros que vuelan entre las nubes
    separándose y encontrándose a la vez
    en el camino
    del cielo.

    Makoto Ooka

    Tr: Y. Otsuki/ R. Morales

    Gracias por tu traducción y por la foto, un vaivén.

    Un abrazo grande

    1. Qué ganas de ver con mis propios ojos ese poemario enteramente traducido!!

      A vela se navega en zigzag cuando uno quiere aproximarse al viento…

      Un abrazo grande!

  3. Las cosas no me turban mientras estoy sentado en calma, en armonía con el gran vacío azul.

    Mi Yu Jên (célebre paisajista de la dinastía Sung)

    Presentimiento
    primaveral: lo azul
    se hace posible

    Dakotsu

    El hombre tiene por norma la Tierra, la Tierra al Cielo, el Cielo al Tao, y el Tao es su propia ley.

    Lao-tsé, “Tao Te Ching” (tr. Carmelo Elorduy)

    Te digo: estoy intentando captar la cuarta dimensión del instante-ya, que de tan fugitivo ya no existe porque se ha convertido en un nuevo instante-ya que ahora tampoco existe. Quiero apoderarme del “es” de la cosa. Esos instantes que transcurren en el aire que respiro, como fuegos artificiales estallan mudos en el espacio. Quiero poseer los átomos del tiempo. Y quiero capturar el presente que, por su propia naturaleza, me está prohibido; el presente se me escapa, la actualidad huye, la actualidad soy yo siempre en presente. Sólo en el acto del amor -por la nítida abstracción de estrella de lo que se siente- se capta la incógnita del instante, que es duramente cristalino y vibra en el cielo, y la vida es ese instante incontable, más grande que el acontecimiento en sí; en el amor el instante de júbilo impersonal refulge en el aire, gloria extraña del cuerpo, materia sensibilizada por el escalofrío de los instantes, y lo que se siente es al mismo tiempo inmaterial y tan objetivo que sucede como fuera del cuerpo, brillando en lo alto; alegría, la alegría es la materia del tiempo y es por excelencia el instante. Y en el instante está el “es” de sí mismo. Quiero captar mi “es”. Y canto un aleluya al cielo como lo hace un pájaro. Y mi canto no es de nadie.

    Clarice Lispector (tr. Elena Losada)

    me ha gustado el sueño infinito del caminante… sólo podía hacerse en el Cielo, claro 🙂

  4. pequeño mosaico sobre lo posible y lo imposible:

    No basta con exponer lo existente, sino que es necesario pensar en lo deseado y en lo posible.

    Maxim Gorki

    No dar a los hombres apoyo en su miedo a la muerte, sino quitarles ese miedo; no darles la vida ilusoria y los medios para que siempre la sigan pidiendo, sino darles la vida ahora, aquí, entera, para que no pidan: ésta es la actividad que arranca la violencia de raíz.
    “Eso es imposible”.
    Sí: ¡lo imposible! porque lo posible es lo que ya está dado, lo posible son las carencias, la necesidad de continuar, lo que pertenece a la limitada potencia orientada a continuar, lo que pertenece al miedo a la muerte, lo que constituye la muerte en la vida, la niebla indiferente de las cosas que son y no son: el valor de lo imposible es la luz que rompe la niebla, ante el cual caen los terrores de la muerte y el presente se convierte en vida.

    Carlo Michelstaedter, “La persuasión y la retórica”

    Si pudiera pedir un deseo, no desearía riquezas ni poder, sino la pasión de la posibilidad; desearía sólo un ojo que, eternamente joven, ardiera eternamente con la exigencia de ver la posibilidad.

    Søren Kierkegaard, “El instante”

    Sólo lo imposible me enamora. Residuo, seguramente, de la vieja inclinación platónica que mantiene a distancia lo más preciado dando a entender, de paso, la indignidad de quien lo anhela. Le declaro la guerra a lo imposible. Decreto la desorganización de las jerarquías y la decadencia de la verticalidad. Absuelvo la superficie. Puede que el pago sea la desaparición del placer del vértigo y del temblor de la espera. Sea. Al menos hasta que crezca la horizontalidad, para proteger su crecimiento. Sea. Tal vez, después, el vértigo sea constante, tal vez el temblor arranque del presente; sé lo intensa que es la vida dentro de las cosas.

    Lo posible, no vale la pena intentarlo. Eso dije entre lágrimas, las que enturbiaban la visión de lo imposible. Lo posible, si es posible, decía, ya está hecho. Basta que algo sea posible para que sea.

    Chantal Maillard, “Filosofía en los días críticos”

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