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8 comentarios sobre “”

  1. deliciosa historia mínima (arte povera, dirían algunos; aspiración a la desnudez del trazo, a la inmediatez del haiku, sugiero…), adelgazada línea argumental que sin embargo lo cuenta todo con una intensidad inaudita… las cosas pasan en el rostro de la niña, en pequeñas sombras, pliegues, hoyuelos, gestos que dicen por debajo de las palabras la intensa vida de esa infancia, el vuelco infinito, la voluntad en la búsqueda del pez dorado, la paciencia, la ternura, el asombro…

    ¿Cuándo volveremos a ser como esos niños? 🙂

    1. ah, pues si es arte povera es riquísimo!!! me pasó al verla como con “¿Dónde está la casa de mi amigo?”. sensación de máxima comprensión y ternura. ¡un cuento! ay! es que tiene esos momentos, cuando ves pasar las emociones por el rostro de la niña, como dices, que querrías entrar en la película y acercarte a ella y sonreírle y ayudarla… Y esos lugares maravillosos en los que transcurre la historia, su dulce realismo: el patio de la casa con el estanque, la plaza con los encantadores de serpientes, las calles de las tiendas… y esa forma de resolver las cosas a través de la comunicación con los demás, de la comprensión de sus deseos… preciosa, Stalker, preciosa!

      ¿cuándo sabremos que somos como esos niños?…

  2. ¿Cuándo sabremos que somos como esos niños?

    ¡Una pregunta fascinante y difícil! Es verosímil conjeturar que una serie de signos precursores nos anunciarán la inminencia de la infancia, el sabor de la infancia. Sabremos reconocerlos si nuestra conciencia se adelgaza, si algo fragiliza, acaricia, hace temblar nuestra mirada. Pienso que volver a la infancia es una liberación y que algo en nuestra extraña materia lo sabrá, sin saberlo: una delicadeza nos pronunciará, asombrosamente traducirá en nosotros el movimiento musical de lo visible (y aquí volvemos a Tarkovski y a la infancia como espacio privilegiado para la irrupción del milagro). También pienso que la infancia es incesante, que es un agua que en nosotros no se detiene: el adulto pacta con las palabras, solidifica sus creencias, pero por debajo la infancia fluye, imparable. La infancia no se detiene, como no se detiene el poema. Aunque tejido con palabras, las palabras no detienen el poema. Aunque tejidos de tiempo, el tiempo no detiene, en nosotros, esa felicidad que es el sabor (y el saber) de la infancia. No se detiene el fuego, el espacio de la celebración, la inocencia, el milagro. No se detiene el géiser, el agua viva, la venturosa extrañeza, el juego…

    he encontrado unas pocas ramitas que tienen, sospecho, alguna relación con todo esto:

    Ven, reconoce que tu imaginación, tu reflexión, tu percepción y tu comprehensión son como la caña de bambú que cabalgan los niños.

    Rumi

    LOS SINÓNIMOS

    Pájaros con ombligo: niñas. Carta sin remite: golondrina. Rocío: lágrima de luna. Azafrán: greña del sol.
    La llama triste: lirio. El zaguán, pozo donde resuenan los recuerdos. El mar que no se queda: lluvia. Nube que se devana: niebla. Infancia: un aroma, un dolor, un cuchillo, una huella, una ceniza. Todo. Nada.

    Luis Feria

    Toda imagen perceptible en el mundo
    es una puerta cerrada cuya llave es la sensibilidad.

    Farid ad-Din Attar

    La infancia… Los poetas la cantan hasta la saciedad. No saben qué recuerdan, nombran un objeto u otro, un lugar, un sabor, lo nombran con nostalgia. La expresan, la nostalgia. Rara vez saben que recuerdan otra cosa, algo que acompaña aquel trompo, aquel juguete, aquella risa, aquella voz, algo que acompaña aún, leve, inasible, la imagen de los objetos. Lo que recuerdan es el gozo, el gozo interrumpido que ha quedado atrapado en las imágenes y que aguarda, en la memoria del cuerpo, en los poros del mundo, a que lo recobremos.

    Chantal Maillard

    también podemos interrogar la mirada de Nobuo, la dulzura de los ojos de Nobuo:

    http://lostinmarienbad.blogspot.com.es/2011/08/los-ojos-de-nobuo.html

    y también creo que sabemos que hemos vuelto a la infancia, que somos como aquellos niños, cuando “enloquecemos” dulcemente 🙂 :

    1. hermosa reflexión, Stalker! la infancia es incesante, no se detiene en el tiempo, igual que los poemas no se detienen en las palabras… me encantan esas imágenes: la celebración, la venturosa extrañeza, el géiser…

      así, como una columna de agua caliente, asciende la infancia por nosotros y nos proyecta al aire, como un columpio…

      imagina qué pensaré a partir de ahora cuando vea en tantos sitios esos jarrones con cañas de bambú sobre las mesas…

      y cómo se une el poema de Farid ad-Din Attar con el que tradujiste de Dickinson el otro día, que decía que “la tierra tiene muchas llaves”…

      el mundo tiene muchos ojos…

      como los que hay en tu entrada de Doro No Kawa y en sus conmovedores comentarios…

      me he reído mucho con el vídeo… ginger y fred están fantásticos rompiendo huevos sin querer… 😀

  3. Tera:

    Ginger y Fred rompiendo huevos sin querer… 🙂

    aquí parece que parten nueces a ritmo de claqué (mientras bailan, se escucha la risa de Ginger):

    y como son versátiles, en este último baile se deslizan casi flotando, como si levitaran:

    ¡Son increíbles!

  4. “El GLOBO BLANCO”

    me siento aire, dice
    ya virado a penumbra, a leve cosa, argamasa
    leve de realidad
    en lentitud la lengua arroja
    virutas del decir
    contrafuerte y nunca de quien mira
    -para sostener el aún en su nervio vivo, brasa
    aunque del fuego no-

    se sabe: madura de alegría el fruto oblicuo

    interrupción sísmica
    en el siendo apenas de las cosas
    nada queda o crecen líquenes

    manan adverbiales
    en hilo espectro

    cunde en hueso nana lobo
    sabor apenas

    se sabe: dulzura aquieta mundo

    de la madera, dices, no esperar sino secreto
    arrullo de la voz, nervadura
    negra de lo vivo
    negra madera madre

    se sabe: lo percusivo salva, ritmo
    basáltico despierta afectos:

    un aliento, una imagen: la ternura
    exacta de la carne o esta vida

    exacta de luz y adentro

    lo escrito en el árbol único
    sin temblor
    sin tacto
    sin esplendor geométrico al dictado

    me siento aire, dice
    y una sonrisa le abre el rostro
    en lento enjambre o barro lento
    donde apenas desmesura

    dulce lumbre ahí

    donde apenas

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