Meditación entre rosales salvajes

“Porque educar (ex-ducere) significa dirigir hacia fuera, conducir fuera de lo propio, fuera de lo mismo, hacia lo otro, lo extraño.”

Contra el arte y otras imposturas, Chantal Maillard

“La educación tiene sentido porque las mujeres y los hombres han aprendido que, aprendiendo, se hacen y se rehacen, porque las mujeres y los hombres han sido capaces de asumirse como seres capaces de saber, de saber que saben, de saber que no saben, de saber mejor lo que ya saben, de saber lo que aún no saben. La educación tiene sentido porque, para ser, las mujeres y los hombres necesitan estar siendo. Si las mujeres y los hombres fuesen sin más, no habría por qué hablar de educación.”

Pedagogía de la indignación, Paulo Freire

“Reemplazar la noción de ser por la de estar-siendo o, mejor aún, por la de suceder […] implica una modificación de la mirada, no sólo de las cosas, que de “entes” han de verse como fuerzas, como trayectorias, sino también de nosotros mismos. Cada yo ha de ser visto como una trayectoria que converge con otras, las notas de una pieza musical o la vibración a la que hemos denominado “mesa”. Que un yo, una sinfonía y una mesa sean sucesos, que sucedan significa que convergen en el tiempo. No el tiempo de los relojes, pues captar un suceso en ese tiempo sería solidificar las fuerzas, determinarlas, distanciarse de ellas, hacerlas de nuevo objeto y situarnos como sujeto ante ellas. Captarlas y captarnos como sucesos es verlas hacerse y hacernos con ellas.”

Contra el arte y otras imposturas, Chantal Maillard

Rosal salvaje y verja de instituto (Vigo, junio 2010)

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6 comentarios sobre “Meditación entre rosales salvajes”

  1. es una entrada tan rica, con tantas puertas y ventanas por las que entrar y contemplar!

    entraré por un lugar pequeño: claraboya o ratonera 🙂

    en mi opinión, el estar-siendo y el suceso, el momento en el que vemos hacerse las cosas y nos hacemos con ellas, tiene mucho que ver con el haiku, con el dilatado instante recreado por el haiku: unas breves pinceladas que dan cuenta de la vibración más pura de los seres en su impermanencia, la infinita trayectoria de una energía vital en la que convergen la eterna mudanza de los fenómenos y la conciencia observadora

    la alegría, claro, también “se abre” ahí…

    “Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”

    Bashô

    “Pueden parecer los haikus frases banales y anodinas. Y lo son, por cuanto que lo que expresan es efectivamente algo muy usual, algo normal y cotidiano. Pero el hecho de que el poeta se fije en un detalle aparentemente insignificante nos invita a sospechar la inmensa extrañeza de lo usual, su carácter sagrado: sólo una mirada inocente es capaz de admirarse y contemplar las cosas cotidianas como si las viera por primera vez y, viceversa, sólo un corazón cansado, un oído deteriorado, un ojo oscurecido pueden pasar de largo sin admirarse a cada caso. Lo usual es fruto de la repetición de las impresiones en la mente que procesa las semejanzas. Cuando la mente ve a partir del ojo, oye a partir del oído, siente a partir del tacto sin proyectar lo ya sabido, es decir, las síntesis preformadas por la reiteración, entonces, se vuelve inocente y ad-mira. Y lo que ve está presente.

    La contemplación que el haiku propicia es un estado de presencia, aquel estado en el cual lo que se vive es puro acontecimiento. De esta manera, el haiku es mucho más que un modo de expresión; es, ante todo, una forma de mirar, una forma de estar y, por tanto, una forma de vida.”

    Chantal Maillard

    la alegría del estar-siendo de las cosas y los seres se aprecia, por ejemplo, en estos haikus de Issa Kobayashi que releía el otro día:

    ¡qué sensación,
    bajo el cerezo en flor,
    estar tan vivo!

    ciruelo en flor:
    mi primavera es hoy
    un puro éxtasis

    estoy aquí
    solo, sencillamente;
    cae la nieve

    estamos vivos
    sencillamente: yo
    y la amapola

    no tengo nada,
    ¡salvo esta quietud,
    esta frescura!

    Si mariposa
    y perrito se miran,
    el mundo sobra.

    Chilla el faisán:
    la montaña, de pronto,
    se torna real.

    Un mundo vivo
    dentro de cada gota
    lucha, rocío.

    Tarde de niebla.
    El caballo no olvida,
    puente, la grieta.

    Muévete, grillo.
    Voy a darme la vuelta,
    hazme un ladito.

    ¿Gente? Muy poca.
    Aquí cae una hoja,
    allá cae otra.

    Gorriones, no.
    ¡Nada de hacerse pis
    en mi edredón!

    Sólo los dos,
    frente a frente, mirándonos,
    el sapo y yo.

    (trad. Orlando González Esteva)

    la rosa salvaje también está-siendo

    la rosa salvaje es sin porqué

    “Quien preguntase a la vida…: “¿Por qué vives?”, ésta podría responder: “Vivo porque vivo”. La causa de ello es que la vida vive desde su propio fondo y desde su propio manantial; vive sin porqué porque vive por (para) sí misma”.

    Maestro Eckhart

    y con esto alcanzamos una posible definición de la indetenible alegría: consiste en estar-siendo, en vivir en los gerundios y los adverbios, en vivir sin porqué, desprovistos de lastre conceptual; aéreos, infinitos, ad-mirados, en un imparable cauce de vida; en el suceso en el que confluyen la caricia de la mirada y lo sagrado-efímero de las cosas sometidas a la eterna mudanza

    en esa impronunciable delicia, somos salvajes como la rosa

    1. Muévete, grillo.
      Voy a darme la vuelta,
      hazme un ladito.

      😀

      Qué bien tener estos haikus y estas notas entre los rosales! Precisamente así empezamos el curso este año. El primer día, justo al volver del verano, leímos a Shiki en clase y luego ellos escribieron algunos haikus sobre la estación amada:

      En el sofá
      con la tele encendida
      no haciendo nada.

      La noche fría
      yo ya casi temblando
      me fui a la cama.

      Sueños despiertos.
      Ilusiones por vivir.
      Sol acompaña.

      Día de lluvia.
      Caer en el agua fría.
      Llanto de niña.

      Uvas negras.
      Risas sin descanso.
      Capachos enteros.

      Río en calma.
      Trinando los pájaros.
      Un suave rumor.

      Un cielo estrellado
      con dos de sus estrellas
      a punto de caer.

  2. Uau! Los haikus de los niños son fantásticos, increíbles!!!

    Día de lluvia.
    Caer en el agua fría.
    Llanto de niña.

    esto merece varias sonrisas sin cejas! 😀 😀 😀

    el haiku parece una forma óptima de cultivar la atención, dirigir la mirada hacia lo otro desde lo mismo (ex-ducere) y aquietar el flujo extremo de la vida desbordada a esa edad en que los niños lo descubren todo, lo nombran todo (y lo revuelven todo!)

    Shiki es uno de mis haijin favoritos:

    ¡qué escándalo!
    incluso han roto el muro:
    ¡gatos amándose!

    De Issa Kobayashi me gusta mucho su ternura, su dulce ironía: es el poeta enamorado de todas las criaturas, sobre todo de las pequeñas e indefensas, en las que ve el reflejo de su propio destino. En su obra dedica:

    230 haikus a las luciérnagas
    200 a las ranas
    150 a los mosquitos
    100 a las moscas
    90 a las cigarras
    54 a los caracoles…

    …pero el poema más conmovedor lo escribió al morir el único hijo pequeño que le quedaba:

    tsuyu no yo wa
    tsuyo no yo nagara
    sarinagara

    sólo rocío
    es el mundo, rocío,
    y sin embargo…

    (en el pensamiento budista, la metáfora “mundo de rocío” se emplea para designar la fugacidad, la impermanencia, el carácter efímero de todo cuanto existe. El budismo primitivo emplea el nombre técnico de pratitya samutpada o generación condicionada para aludir a la misma realidad cambiante del río de Heráclito: todo fluye, el río y los ojos que perciben el río… no sería extraño que las ideas orientales llegaran hasta los presocráticos desde la India a través de los caminos que más tarde se conocerían como Ruta de la Seda…)

    Issa acepta acepta la contingencia suprema de la vida, “y sin embargo”…

    ese “sin embargo” me parece bellísimo, inolvidable

    1. me encanta el escándalo de los gatos de Issa!!

      y el “sin embargo” ante el mundo rocío, que es inolvidable y lo llevamos dentro…

  3. y una miguita más…

    imagino a los niños escribiendo poemas en clase y me acuerdo de este otro poema que parece haber sido intuido, vivido, “delirado” expresamente para ellos:

    En el descomienzo era el verbo.
    Sólo después fue que vino el delirio del verbo.
    El delirio del verbo estaba en el comienzo, allí donde el
    niño dice: Yo escucho el color de los pájaros.
    El niño no sabe que el verbo escuchar no funciona
    para color, sino para sonido.
    Entonces si el niño cambia la función de un verbo,
    éste delira.
    ¿Y qué?
    En poesía que es voz de poeta, que es la voz de hacer
    nacimientos-
    el verbo tiene que coger delirio

    Manoel de Barros

    😀

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