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6 comentarios en “”

  1. hoja danzante en cuarto creciente…

    ¿a qué árbol pertenece?

    Il automne, il automne,
    Il automne des pommes rouges
    Sur des cahiers d’écoliers.
    Il automne des châtaignes
    Aux poches de leur tablier.

    Regarde les mésanges
    En haut du grand marronnier.
    Il y a des rouges-gorges
    Au jardin de Batignolles
    Et les enfants de novembre
    Croient que sont venus du ciel
    Ces petits oiseaux de plumes
    Echappés d’un arc-en-ciel.
    Pour les enfants de novembre
    Qui ramènent, émerveillés,
    Un peu de l’automne rousse
    Au fond de leur tablier,
    Il automne le paradis
    Bien plus beau que le paradis.

    Il automne, il automne
    Il automne à pas furtifs,
    A pas feutrés,
    A pas craquants
    Et, sur nos nuits de mi-novembre,
    Il automne miraculeux,

    Barbara, “il automne”

    1. Stalker!
      Gracias por la canción del otoño milagroso!
      Il automne le paradis!

      He tratado de identificar el árbol de la hoja pero no lo he conseguido. Es el árbol de la esquina de mi casa, el de la hoja amarilla que era también la luna en el dibujo del otro día. Las hojas más pequeñas de este árbol caen siendo todas amarillas. Sin embargo, estos últimos días, las hojas más grandes están cayendo con los tres colores de la transformación caducifolia en proceso. No han acabado de ser amarillas y ya se están poniendo rojas sin dejar de tener restos del verde original. Es una cosa especial verla de cerca. La he guardado dentro del libro de los “Mundos perdidos”… 😉

      Hoja danzante en cuarto creciente, sí!

  2. Tera,

    es fantástico que la hoja en cuarto creciente descanse al abrigo de los mundos perdidos! 😀

    creo que la hoja vive, en su sutil mudanza cromática, el placer de las metamorfosis, la dulzura de una alquimia que ella sabe y nosotros intuimos

    esta mañana me he propuesto una pequeña y divertida búsqueda: encontrar, entre mis libros, un poema que contuviera hojas de otoño, manzanas, transmigraciones y animales, y que rimara así con todo esto…

    y lo he encontrado!

    “Séptima elegía” (Opción por lo real)

    Vivo en nombre de las hojas, tengo nervaduras,
    paso del verde al amarillo y
    me dejo perecer en otoño.
    En nombre de las piedras vivo y me dejo
    cúbicamente golpear en los caminos
    cruzados por veloces máquinas.
    Vivo en nombre de las manzanas y tengo
    seis pepitas escupidas entre los dientes
    de la joven muchacha con el espíritu perdido
    entre perezosas danzas de ebonita.
    En nombre de los ladrillos vivo,
    con pulseras rígidas de argamasa
    en cada mano, mientras abrazo
    una posible yema de las existencias.
    Nunca seré sagrado. Mucha,
    demasiada imaginación tengo
    de las otras formas concretas.
    Por eso, apenas tengo tiempo de pensar
    en mi propia vida.
    Aquí estoy. Vivo en nombre de los caballos.
    Relincho. Salto sobre árboles cercenados.
    Vivo en nombre de los pájaros,
    pero, sobre todo, vivo en nombre del vuelo.

    Creo tener alas, pero ellas
    no se ven. Todo por el vuelo.
    Todo,
    para apoyar lo que ya es
    sobre lo que será.

    Alargo la mano que, en lugar de dedos,
    tiene cinco manos, que
    en lugar de dedos,
    tiene cinco manos, que
    en lugar de dedos
    tiene cinco manos.

    Todo para abrazar,
    minuciosamente, todo,
    para palpar los no nacidos paisajes
    y para arañarlos
    hasta la sangre
    con su presencia.

    Nichita Stanescu (tr. Iona Zlotescu y José María Bermejo)

    ¿qué no podrá darnos la poesía, si estamos atentos? 😉

  3. PAISAJE OTOÑAL DE MUSASHINO
    (Libro sobre su geografía)

    El cielo se congela veloz
    cuando el tren atraviesa el límite de Mitaka.

    En las rutas del viento
    hay hoteles interestelares.
    Las luces de sus ventanas
    arden como las ramas de un ciruelo.
    Los gatos en celo maúllan,
    ascienden, sisean y emiten fuegos fatuos.

    El ir y venir de los transeúntes en el paseo
    es una celebración de este pequeño planeta.
    La redondez del grillo
    es también la del jengibre (*) .
    Sonríe una dama madura en la cuenca del Koi (**) .

    Esta es la ley de la noche:
    avanzamos improvisando
    hasta que nos excita
    el olor a piedra que esconde su seno,
    entonces el reloj corre y se convierte en llama.

    Soy un fruto seco visto
    desde el observatorio astronómico,
    ruedo cuenca abajo hacia el crepúsculo
    y cojo el corazón de la llanura de Musashino.

    (*) Jengibre en japonés es “myogá”. Sus brotes frescos se usan como ingrediente en la cocina típica del otoño. Es muy aromático y tiene una forma parecida a la del grillo cebollero (okera).

    (**) En el original “koi ga kubo”. Se trata de un topónimo que significa, literalmente, “la cuenca del amor (koi)”.

    Makoto Ooka. (Tr. Yurihito Otsuki y Raúl Morales)

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