Pez soluble

dreammm

Collage de Francisca Pageo

En el presente instante, ella duerme, orientado su rostro hacia el infinito de mis amores.

André Breton

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3 comentarios sobre “Pez soluble”

  1. sueño perfecto y concéntrico en el abrazo amniótico del mar! 🙂

    Muchos no nacimos-
    vivimos en un océano secreto unas horas,
    semanas, con extremedidades extra o perdidas,
    o sosteniendo una pobre segunda cabeza,
    creciendo de nuestro pecho, en nuestros brazos. Y a muchos,
    frutos del mar en el tallo, soñando con algas
    y caracoles marinos, nos recogen en nuestros primeros meses.
    Y algunos de los nacidos viven sólo unos minutos,
    otros dos, o tres, veranos,
    o cuatro, y cuando se marchan, todo
    se extingue -la tierra, el firmamento-

    y el amor queda, donde nada hay, y busca

    Sharon Olds

    (trad. Stalker)

  2. es cierto, es un vinilo que gira y gira, agua materna y caricia, principio del poema, sueño que renace, espiral de vida…

    “Tampoco hay gran poesía sin largos intervalos de distensión y de lentitud, grandes poemas sin silencio. El agua es también un modelo de calma y de silencio. El agua dormida y silenciosa pone en los paisajes, como dice Claudel, “lagos de canto”. Cerca de ella la gravedad poética se profundiza. El agua vive como un gran silencio materializado. Cerca de la fuente de Melisenda, Peleas murmura: “Siempre hay un silencio extraordinario… Se oiría dormir el agua”. Parecería que para comprender bien el silencio, nuestra alma necesita ver algo que se calle; para estar segura del descanso, necesita sentir cerca de sí un gran ser natural que duerma.”

    Gaston Bachelard

    ¡Concededme un solo verano, vosotros, los poderosos!
    Sólo un otoño para que madure mi canto,
    ¡y que luego muera mi corazón
    de un juego dulce saturado!

    El alma que no gozó en la vida de su derecho divino
    no hallará tampoco reposo allá abajo, en el Orco;
    pero si una vez se me logra lo más sagrado
    que alienta en mi corazón, el poema:

    ¡Bienvenido entonces, silencio del mundo de las sombras!
    Contento estaré, aun cuando mi lira
    no me acompañe a las profundidades; una vez
    viví como los dioses, y nada más se requiere.

    Hölderlin, “Empédocles”

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