Ginebra casi no sabe


Au temps qui passe: Genève 2003-2012

“De todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que un hombre va buscando y mereciendo en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la más propicia a la felicidad. Le debo, a partir de 1914, la revelación del francés, del latín, del alemán, del expresionismo, de Schopenhauer, de la doctrina del Buddha, del Taoísmo, de Conrad, de Lafcadio Hearn y de la nostalgia de Buenos Aires. También la del amor, la de la amistad, la de la humillación, y la de la tentación del suicidio. En la memoria todo es grato, hasta la desventura. Esas razones son personales; diré una de orden general. A diferencia de otras ciudades, Ginebra no es enfática. París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres, Ginebra casi no sabe que es Ginebra. Las grandes sombras de Calvino, de Rousseau, de Amiel y de Ferdinand Hodler están aquí, pero nadie las recuerda al viajero. Ginebra, un poco a semejanza del Japón, se ha renovado sin perder sus ayeres. Perduran las callejas montañosas de la Vieille Ville, perduran las campanas y las fuentes, pero también hay otra gran ciudad de liberías y comercios occidentales y orientales.

Sé que volveré siempre a Ginebra, quizá después de la muerte del cuerpo.”

Atlas, Borges

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En sus pequeñas islas

Le Gerbe, Matisse

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Penélope atraviesa la habitación; Telémaco se va a la cama; Nausícaa lava sus linos; y sus acciones parecen cargadas de belleza porque ellos no saben que son bellos, que han nacido en el seno de sus posesiones, que no son más conscientes de sí mismos que los niños, y aún así, hace tantos miles de años, en sus pequeñas islas, saben todo lo que hay que saber.

El lector común, Virginia Woolf

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Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

De “Arte poética”, Jorge Luis Borges

Líneas imaginarias (2)

Escuela de Bellas Artes (Pontevedra, marzo 2009)

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[John Ruskin] opinó que los cuadros deben pintarse en forma semicircular, ya que así corresponden a la visión; el hábito de la forma rectangular se debe a la maléfica influencia de las paredes, puertas y ventanas.

Introducción a la literatura inglesa, Jorge Luis Borges y María Esther Vázquez