El horizonte enamorado

El enamorado (Dubrovnik, agosto 2009)

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El horizonte es algo ideal aún en la visión física. El animal no debe de tenerlo y la planta no lo necesita. Si el hombre lo perdiera, perdería su humanidad. La conciencia lo revela, y entonces se comienza a pensar, cuando al que así ocurre comienza a ser dueño de su camino, a trazarlo. Pero el que nace enamorado es como si no tuviese horizonte imantado por un invisible horizonte […]. El corazón de estos enamorados desborda, envuelve, acoge, como si él mismo fuese un horizonte.

España, sueño y verdad, María Zambrano

TREN

O importante é irmos
e non cara onde imos.

E nunca chegar máis lonxe
que antes de partir.

Viaxes a ti, Claudio Rodríguez Fer

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La isla y el signo de fuego

Jonas (Molten), Ryan McGinley, 2009

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Seredes quen seredes.

Claudio Rodríguez Fer

“Hablando de su niñez, María [Zambrano] puso ante nuestros ojos la plástica y expresiva imagen de sus deseos. Escribió en su texto A modo de autobiografía nada menos que esto: “Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con sólo levantar la tapa se oyese la música; pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta de que yo no podía ser una caja de música”. Unas líneas más adelante añade: “Después supe de unos caballeros templarios, porque en Segovia, donde yo cumplí los seis años […] estaban, como monumento nacional, los templarios. Estaban cerrados, deshabitados. Yo le pregunté a mi padre quiénes eran […]; recuerdo que me dijo que eran unos caballeros, y yo era una mujer, y entonces pregunté, no sé si a mi padre o a mi madre, si había que ser siempre lo que ya se era, si siendo niña no podría ser nunca un caballero, por ser mujer. Y esto me quedó en el alma, flotando, porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer”.

Todavía en el mismo párrafo María se pregunta: “¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser un centinela, porque cerca de mi casa, en Madrid, se oía llamarse y responder a los centinelas: “Centinela alerta”, “Alerta está”. Y así yo no quería dormir porque quería ser un centinela de la noche, y creo sea el origen de mi insomnio perpetuo ser centinela. Pero claro está que de hecho no lo podía ser”. La conclusión a la que llegó, ya por entonces, fue la siguiente: “Y así, cuando me di cuenta de que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo que sigo llamando, “la filosofía”. Y añade: “Pero tampoco esto yo podía. Mi padre me habló de la academia Platónica donde está inscrito: “Nadie entre aquí sin saber geometría”. Y yo […] le preguntaba a mi padre: “¿Pero cuándo me vas a enseñar geometría?” “¿Y para qué?” “Porque yo tengo que pensar”.

Pero no todo el pensamiento requiere rigurosamente de la geometría, sino que es abierto, de modo que contra lo que entonces imaginaba, María Zambrano pudo dedicarse a él, y no sólo a él. Veremos que, a su modo, cumplió los otros tres deseos y que estos deseos nos sirven para explicar su actitud vital y su pensamiento: fue centinela pues cruzó las noches al acecho del conocimiento del alba, el cual, como he dicho, concretó en uno de sus últimos libros, De la Aurora; fue caballero en su postura y actuación política, y fue música en textos especiales, como Claros del bosque, y también en el hablar.”

María Zambrano. Desde la sombra llameante, Clara Janés

La confianza

Andrei Rublev, Andrei Tarkovski (1966)

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Cuando se cuenta con la fe de los demás, con el crédito que nos dan, el hermetismo se ha roto. Mientras se vive en una situación hermética, todos los intentos de comprensión entre semejantes se realizan apelando a razones; en virtud del porqué y el para qué; nos pide cuentas el prójimo y tenemos que dárselas. Y las razones no operan, no unen si no es sobre la confianza; la razón en la vida no funciona más que sobre algo previo, fe, confianza, caridad.

Y sólo a partir de este entendimiento, de este crédito, es posible la comunidad con los demás. Y solamente a partir de esta comunidad es posible la acción. La acción verdadera, que brota de un corazón transparente, y que, para ser efectiva, para realizarse necesita ser también transparente ante los demás. Ser transparente es ser creído, ser mirado en caridad.

La confesión: género literario, María Zambrano

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Una de las cosas más bellas que he leído últimamente la escribió y publicó Stalker en su blog hace algún tiempo. Creo que tiene relación con todo esto. Es una reflexión muy, muy bella, empieza así:

“Un niño, generalmente mudo o autista, actúa sobre el mundo…”

Su inmenso y lento camino

Fotograma: Andrei Rublev, de Andrei Tarkovski (1966)

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En todo despertar se anhela ver, y hacia el ver va el que despierta aunque no sea por la luz.

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Inocencia y pureza son consideradas como “etapas” y no como centro; el centro que nunca puede ser negado sin traer el anonadamiento en el mejor de los casos, la destrucción a la desesperada y aun la desesperación sin salida a menudo. Suicidio del ser que a veces se consuma sin acabar con la vida. O la rebelión de la vida contra el ser, que inevitablemente se hace apócrifa, la vida de un otro.

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Extraer de la realidad relativa la verdad subsistente – de la mezclada sustancia, la esencia indeleble es la tarea de la experiencia.

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Experiencia es revelación y es historia. La historia verdadera, que prosigue bajo la apócrifa. El hombre necesita darse a ver y verse él mismo, en su rostro verdadero. Y ello no puede lograrlo por la sola acción; ni siquiera la sangre sola podría. La revelación entre todas se da en la palabra y por ella.

Los intelectuales en el drama de España, María Zambrano
(título y citas)