Tras el diluvio

Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra; y alargando él su mano, la asió y metiola consigo en el arca. La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían disminuido las aguas de encima de la tierra. Aún esperó otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió donde él.

Gen. 8, 6-12

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Tras este diluvio
quiero a la paloma
y únicamente a la paloma
verla salvada de nuevo.

¡Yo me hundiría en este mar!
si ella no volase,
si ella no trajese
a última hora la hoja.

Ingeborg Bachmann

(tr. Cecilia Dreymüller y Concha García)

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Ayer, en Andrei Rublev de Tarkovski, vi esta secuencia impresionante. Transcurre en una casa de madera donde se refugian Andrei y su maestro cuando les sorprende la lluvia en el camino. No encontré subtítulos pero creo que en realidad no hacen falta. La única frase necesaria es la que dice el maestro después de la actuación del bufón: “Dios creó al sacerdote y el Diablo al poeta”. La casa es el arca.

La sospecha

Sigo sabiendo poco de poemas, pero entre lo poco está la sospecha. Sospecha de ti lo suficiente, sospecha de las palabras, de la lengua, me he dicho muchas veces, ahonda esta sospecha – para que un día, quizás, pueda originarse algo nuevo – o que no se origine nada más.

Ingeborg Bachmann